ACTO DE PRESENTACIÓN DE LA RESTAURACIÓN DE LA TÚNICA DEL S. XVIII DE JESÚS NAZARENO

7 DE MARZO DE 2009

PALABRAS PRONUNCIADAS POR EL HERMANO MAYOR

Rvdo. Sr. Párroco, Ilustrísimo Sr. Alcalde, Hermandades y Cofradías de Espejo

Señoras y señores

 Cumplimos hoy un gran sueño largamente anhelado, la hermandad de Ntro. Padre Jesús Nazareno y Ntra. Sra. de los Dolores nos reúne esta tarde de cuaresma, para celebrar juntos un acontecimiento extraordinario, la restauración de la antigua túnica procesional del Nazareno. Con enorme ilusión, con la satisfacción compartida del deber cumplido, pues volvemos a ofrecer a Ntro. Padre Jesús Nazareno  una gran obra, con la cual nos unimos a aquellos espejeños que la hicieron posible hace casi trescientos años. Hoy igual que entonces, se han vuelto hilar la fe y la devoción del pueblo de Espejo, para legar a las generaciones futuras esta singular pieza del patrimonio artístico y religioso de nuestro pueblo. A partir de aquí nuestra responsabilidad estará no sólo en cuidar esta pieza, sino formar a los cofrades para que sepan valorar éste patrimonio como un bien común y como expresión de una fe auténtica. 

 Gracias a cuantos hermanos y devotos, han contribuido con sus donativos a sufragar esta gran obra, y muy especialmente a nuestro Ayuntamiento, quien con iniciativas como ésta valora y preserva el patrimonio cultural de Espejo. 

Muchas avatares sufrió esta túnica, el paso del tiempo, manos poco cuidadosas, varias guerras, etc. pero hoy mi gratitud mayor es para esas otras manos que sí la mimaron y la valoraron, y que sorteando dificultades hicieron posible que no se perdiera para siempre. A esas manos, durante casi dos años se han estrechado las de nuestro querido amigo, Juan Rosen, y las de todas las personas de su taller,  sabiduría, delicadeza, esfuerzo,  paciencia, compromiso, arte, ilusión, sacrificio y fe, … han sido los hilos con los que engarzar esta maravilla. Gracias por siempre, Juan, Molina, Antonio… por vuestra profesionalidad y entrega, nos honramos en contaros como amigos, aquí tendréis siempre vuestra casa, y en este cerro y en la dulce mirada del Nazareno y en las delicadas manos de la Virgen,  otras “playas” que serenan los corazones buenos.

Damos gracias a Jesús Nazareno, por culminar entre todos esta obra y  le rogamos nos conceda salud y juicio para seguir  caminando.

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